martes, 27 de junio de 2017

Entre realidades y ficciones (I)

La camilla atravesando la puerta de cristal blindado. Una mujer tumbada sobre ella. Personas deambulando por el pasillo. Un mostrador. Hombres y mujeres vestidos de verde. ¿Dónde estoy? El miedo que se va convirtiendo en un monstruo enorme, feo, oscuro, chillón. Me agarra brazos y piernas, me paraliza el cuerpo, me impide moverme. Respira, M, respira. Todo irá bien.
El salón de amplia cristalera. La playa, el mar, el sol, la gente bañándose. ¿En qué año estoy?, ¿en qué mes? Miro a mi alrededor. Hay otras personas en la sala, unas se mueven en silencio, otras hablan solas o charlan con otras. Un hombre uniformado, bata blanca por encima. Una porra colgada de su cinturón. La camisa con varios botones desabrochados, la cadena de oro con crucifijo colgada del cuello. Quiero irme de allí. ¿Dónde estoy? Noto que el monstruo se mueve dentro de mí. Pasa de la garganta al pecho, luego al vientre, a las piernas, tiemblo. ¡Déjame en paz! ¡Lárgate de aquí!
Los neurotransmisores se han puesto a jugar. "Te quieren matar". Ella tira los cuchillos a la basura. Sale de casa, corre, el monstruo la sigue. Chilla, llora. Llega sudorosa a la carretera nacional. La atraviesa sin medir riesgos. Para a un coche. Una mujer la recoge y la lleva a la ciudad. El rojo, el verde y el amarillo le mandan señales: peligro, calma, precaución.
"M, despierta", escucho a lo lejos. Me pesan los párpados, me siento cansada. Abro los ojos. Estoy tumbada en una cama. Los hombres y mujeres de verde. El uniforme, la porra. El monstruo vuelve a pasearse. ¿Qué ocurre?, ¿qué me van a hacer?, ¿para qué tantas personas?
El hermoso árbol que roza con sus ramas la ventana de la habitación. Es un frondoso tilo. Quiero abrir la ventana. A me dice que, por seguridad, no se pueden abrir. Miro hacia fuera. Un manto de césped verde, algún que otro árbol. Sonrío.
Una mujer habla, ella no la entiende. Nada de lo que dice tiene sentido. Las frases son incongruentes, carecen de significado. ¡Qué raro!, piensa, ¿qué le pasará?
Pasan los días. Mis padres vienen a verme. Las visitas están restringidas. Hay que cumplir unos protocolos. Son las normas. "Soy la trabajadora social de esta planta de psiquiatría. Tengo todo bajo control". Su padre la mira sin saber qué decir y trata de esbozar una sonrisa compasiva. "Me tratan como a una reina. Aquí se come de maravilla. Me encanta estar aquí".
Las drogas bajo prescripción médica entran en su vida por vía oral. Ella no sabe que ha sufrido un brote psicótico y que es necesario que esa euforia desmesurada desaparezca. Mientras tanto conoce a otras personas internas. El chico que se ve feo y que tiene una bonita cara. Ella no entiende. "Pero si tú eres muy lindo, tienes una cara muy bonita". "¡Qué va! ¡Soy horrible!".
El médico que le han asignado se entrevista con ella todas las semanas. Le pregunta en qué año estamos, en qué mes, en qué día. Ella no tiene ni idea. Su mente se ha convertido en un torbellino de ideas que van y vienen. El pensamiento parece competir contra sí mismo en una carrera sin obstáculos y a la velocidad de la luz.
Pasado un mes le dan el alta médica. Ya ha sido capaz de ubicarse en el tiempo. Sale del hospital con un diagnóstico bajo el brazo. "Si toma su medicación según lo prescrito podrá llevar una vida normal". ¿Qué entenderá el médico por vida normal?
La vuelta a casa resulta dura. Demasiado tiempo sola sin saber qué hacer. La sensación de agotamiento es cada vez más grande. Las drogas están haciendo efecto. La cama se convierte en refugio. El desánimo se apodera de ella. "¿Qué me está pasando?". Me siento triste. No tengo ganas de hacer nada. Mi mente no retiene nada. No puedo leer. Me tiembla el pulso. Apenas puedo sostener el bolígrafo en la mano. Firmar me cuesta un mundo. Mis dos grandes aficiones mutiladas. El monstruo se presenta todos los días para hacerle una visita. Ella trata de echarlo fuera. Él la amenaza, le chilla cosas horribles, la agarra, le hace daño, la deja sin fuerzas. "Papá, me quiero morir".
El tiempo pasa lento. Cada día supone subir una montaña de mil metros y volver a bajarla. "¡Qué cansancio! Quiero volver a la cama y no levantarme más.

martes, 20 de junio de 2017

Corro a escribir

Cuando me pesa el mundo, corro a escribir.
Cuando siento que la luz no llega, corro a escribir.
Cuando temo ser arrastrada por el río de violencia que domina el mundo, corro a escribir.
Cuando mis voces internas se vuelven contra mí, corro a escribir.
Cuando escribo, me salvo, me sano, me libero de mí misma, del dolor, de la impotencia, de la rabia, del desaliento. El papel se vuelve cómplice, compañero, amante. El bolígrafo, mi confidente.

martes, 13 de diciembre de 2016

Azul

Sentirme azul, como el mar
lenta, como la décima de segundo  que separa el gozo del dolor.

Sentirme azul, como la ola que quise atrapar entre mis manos.
Azul, como la lágrima que se desliza por mi mejilla precipitándose al vacío.

Sentirme azul, como el cielo que abraza nubes pasajeras.

lunes, 11 de julio de 2016

Pensamientos desordenados

Cuando tenía dieciséis años soñaba con ser periodista. Recuerdo que en mi época de adolescente devoraba libros, periódicos, revistas... Lo que sucedía en el mundo despertaba en mí gran interés. Cuando estalló la Guerra de los Balcanes sentí que quería hacer algo. Hubo campañas de recogida de ropa de abrigo.  Desmontaba los armarios de la casa, juntaba abrigos, gorros, bufandas... Imaginaba a las personas que los llevarían. Estaba convencida de que con aquel acto solidario pondría un poco de calor en sus vidas. El mundo por aquel entonces no era mucho mejor que el de ahora. La vida separó de mi camino la carrera de Periodismo y puso en su lugar la de  Derecho. Entré ilusionada en la universidad, con ganas de aprender, convencida de que iba a ser una etapa enriquecedora, durante la que conocería a personas con inquietudes culturales y sociales con las que compartiría muchas cosas. Nada de eso sucedió. Allí había un único interés: competir y sacar las mejores calificaciones. Después de muchos años, el Derecho ha vuelto a mi vida. Siento que me he reconciliado con mi pasado, que se ha roto esa relación de amor-odio que mantuve con esta carrera, llegando a avergonzarme de haberla estudiado. Al fin y al cabo el Derecho, en sí,  no fue responsable de nada, lo fueron otras cosas que ya forman parte del pasado y ya no existen.
Solo cerrando puertas se pueden abrir otras nuevas, así que, allá vamos, a por las oposiciones para el Cuerpo Auxiliar de la Administración General del Estado.

miércoles, 22 de junio de 2016

Frascos de silencio

Envasar silencio en frasco de cristal. Una tapa de rosca gira: frasco cerrado. Una etiqueta para precintar: silencio envasado y precintado. Comercializar frascos de silencio. Son fáciles de comprar: entre en nuestra página web, haga clic para añadirlo a su carrito de compra, ¿cuántos necesita? Una vez abierto, consumir en una hora. Es nuestro producto estrella. Lo enviamos a cualquier lugar del mundo. La materia prima la extraemos de atolones del Pacífico: un océano de paz, el único lugar del planeta en el que todavía se puede encontrar silencio. Hemos encontrado una oportunidad de negocio y la estamos explotando.

lunes, 20 de junio de 2016

Exageras

Cuando estaba en el vientre de mi madre empecé a escuchar la palabra "exageras". Mis padres discutían, mi madre lloraba, y mi padre le decía: "Exageras". Es una palabra que está grabada en mi código genético, de esas que van pasando de generación en generación, convirtiéndose en dardos cuando se pronuncian.
Decirle a alguien "exageras" supone mostrar falta de confianza, o tomarse a chiste la forma particular que uno tiene de tomarse las cosas. Porque si uno vive y siente lo que le sucede de forma exagerada, ya es una condena de por sí, como para que vaya otro a recordárselo y a restarle importancia.
Cuando me dicen "exageras" me siento indefenso, como si de repente toda mi ropa se cayese al suelo, y me quedase desnudo, tan solo con los zapatos puestos, con lo ridículo que eso resulta.
Siento que lo que a mí me genera dolor y sufrimiento se convierte en objeto de risa y, ¡oiga usted!, nada de lo que me hace sufrir puede ser objeto de burla.
Así que dicho todo lo anterior, le pido que se muestre respetuoso con mi dolor, y que no vuelva a decirme "exageras", porque exagere o no, las estoy pasando canutas.

jueves, 9 de junio de 2016

Agra do Orzán: mi barrio

Hace seis meses que soy ciudadana coruñesa. Recuerdo el día que vine a ver la habitación que habito y que conocí a la persona que se convertiría en mi compañera de piso. ¿Qué me llevó a decidir vivir en el Agra do Orzán? Pensándolo bien creo que fue el barrio quien me escogió a mí, y le felicito:  acertó de pleno. Hay varios motivos por los que me siento muy a gusto en esta zona. Desde mi habitación escucho a los niños jugar en la Praza das Cunchiñas y eso me da mucha alegría. Por otra parte, cuando salgo a la calle, me cruzo con personas procedentes de nacionalidades diversas: Senegal, Camerún, Cabo Verde, Argelia, Marruecos, Pakistán, Rumanía, Rusia, República Dominicana, Perú, Colombia, Argentina, Uruguay, Venezuela, y un largo etcétera. 
Los datos más recientes que he encontrado son del 2013, recogidos en el Informe sociodemográfico de la inmigración en el barrio Agra do Orzán, elaborado por la Ong Ecos do Sur: zona con alta densidad de población; se empezó a configurar en los años 60 principalmente con personas procedentes del ámbito rural; tiene una población más envejecida en comparación con otras zonas de la ciudad y es el barrio con más presencia de inmigrantes.
La  Asociación Veciñal Agra do Orzán está muy cerca de mi casa. Conocí a su presidente un día que me pasé por la sede para saber qué actividades hacían. Me regaló unos marcapáginas que hicieron, en colaboración con el Ayuntamiento, para dar a conocer el nombre de las calles de la zona: "AGRAdarache saber sobre o nome desta rúa", con una explicación sobre los mismos. Me consta que hacen actividades para apoyar y potenciar la cultura gallega y darle el valor que merece, así lo manifiestan en el programa de la fiestas FoliAgra que se celebrarán el 11 y 12 de junio.
Así que este fin de semana tenéis un buen motivo para pasaros por mi barrio, habrá juegos populares para niños, música tradicional, cantares, gaiteros... ¡Os esperamos!